Familia Maldonado

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La obra de Marcos Aguinis

Por Jorge Bedregal La Vera

Uno de los momentos más importantes de la historia del Tribunal de la Santa Inquisición en Lima lo constituye la llamada “Gran Complicidad” de 1639. Precisamente el libro de Marcos Aguinis gira alrededor de la vida de uno de los más importantes ajusticiados de ese auto: Francisco Maldonado da Silva, bachiller en medicina, nacido en Tucumán de padre portugués y madre “cristiana vieja”, es decir de raigambre española y sangre no contaminada.

Aguinis hace un relato fresco acerca de los primeros años del personaje en cuestión; evidentemente hablamos de una obra importante en el espectro literario latinoamericano contemporáneo. Sin embargo, el hecho de que el autor haya realizado una investigación previa (asesorado por conocidos investigadores, como Franklin Pease), basada en una búsqueda seria y sistemática de documentación al respecto, hace que su obra tome las características de novela histórica. Existen, entre algunos científicos sociales, reticencias a la hora de darle importancia a la literatura histórica; no obstante, consideramos que —particularmente en este caso— el autor hace un importante alcance para el entendimiento no sólo de la problemática inquisitorial en los marcos coloniales, sino para entender y acercar la cultura judía al lector.Por otra parte, al tomar el tema de la vida de un personaje histórico zambulléndose en la documentación de la época para la reconstrucción de los hechos y los paisajes por los que pasa la vida del protagonista, nos hace un gran servicio al lograr lo que para muchos candidatos a investigadores en historia es difícil: la empatía histórica.

Decíamos al principio que para muchos investigadores era más fácil buscar elementos de las “herejías libertarias” entre los acusados por el Santo Oficio, relatando de manera prolija los métodos sanctos y non sanctos de lograr sus propósitos. Mencionan los casos de intervención eclesiástica en las extirpación de idolatrías, la presión a la cultura andina, la imposición de una fe nueva que contribuyó al llamado proceso de desestructuración. Pero caemos en el mismo error de los historiadores tradicionales españoles que anulan de su memoria las grandes herencias árabe y judía (Manrique 1993).

Como hemos visto en el primer cuadro, los judíos fueron protagonistas principales de la persecución inquisitorial. Pero, aparte de la investigación de Boleslao Lewin —El Santo Oficio en Lima y el más grande proceso inquisitorial en el Perú (Sociedad Hebraica Argentina, Santiago de Chile, 1950)—, no hemos encontrado ningún trabajo referente a la visión específicamente judía del tema. Es cierto que Hampe menciona muchos trabajos en el artículo referido en la bibliografía; sin embargo, éstos han sido editados en revistas de escasa circulación y para círculos de especialistas muy bien definidos. La idea es que los estudiantes de las ciencias sociales tengan acceso irrestricto a estos documentos. En Internet hemos hallado una serie de documentos de gran importancia acerca del tema, particularmente trabajos provenientes de México.

Por los aportes de la cultura judía a nuestra propia cultura, consideramos que este tema no ha sido lo suficientemente estudiado, lo que es imperdonable en la búsqueda de objetividad histórica. Si bien la novela histórica no puede ser tomada como fuente, consideramos que el esfuerzo de Marcos de Aguinis es loable desde el punto de vista que trata de acercar un momento importante en nuestra propia historia.

El personaje de la novela estudia medicina en la Universidad Mayor de San Marcos de Lima, y acompaña a su padre, sentenciado también por el Tribunal a portar de por vida el sambenito de los condenados y a servir de mozo en el hospital de pobres del Callao. Cuando se descubre (por delación de su propia hermana) que Francisco Maldonado practicaba fervientemente los ritos de la religión mosaica, es arrestado y trasladado a Lima para ser encerrado en los calabozos del Santo Oficio para, varios años después, salir de la cárcel en dirección al quemadero, donde fueron relajados con él una gran cantidad de judíos que habían organizado toda una comunidad hebrea en Lima. Muchos de ellos fueron acusados de tener intereses económicos comunes con judíos holandeses y eso significaba un terrible pecado para la administración colonial.

En las paredes del remozado Museo de la Inquisición de Lima, lugar donde funcionó durante varios años el tribunal, se podía leer hasta hace muy poco una inscripción grabada a punzón:

“Mandamos los señores inquisidores a la pena de excomunión y multa de cien pesos, que ninguna persona debe andar de noche, ni a caballo por las calles por donde pasan los ajusticiados a los de fe que se celebrarán el 23 de este mes a horas tres de la tarde a cinco de la tarde, que ninguno tire a los penitentes con lodo o piedra u otros objetos, pena para los españoles con destierro a Chile, y cien azotes para los mulatos, negros, mestizos, mandamos a pregonar el edicto el 23 de enero de 1639” (En Triveños 1986: 101).

Esta inscripción nos retrotrae al clima que vivía la ciudad antes de cada auto de fe, cuando las pasiones alimentadas por fanatismos eclesiales se ponían en grado superior y la ciudad esperaba con ansias la realización de los relajamientos en acto público. Precisamente en este auto de fe es quemado en la hoguera el personaje de la novela referida. Así como en México sucedió un “Auto Grande”, el de 1639 es el auto de fe más importante de la historia del Santo Oficio en el Perú.

En 1635 se arrestó a más de cien residentes entre las personas más acaudaladas del comercio de Lima. éstos fueron interrogados durante más de tres años hasta que en 1639 se procedió al auto de fe más ceremonioso y numeroso de la colonia. Al lado de Francisco Maldonado fueron relajados más de ochenta reos, la mayoría acusados de judaísmo.

El caso más notorio fue el de Manuel Bautista Pérez, llamado Capitán Grande y que murió en la hoguera declarándose judío con orgullo. Se calcula que poseía una de las fortunas más grandes de su tiempo y su casa (hasta hoy conocida como la Casa de Pilatos) pasó a formar parte del patrimonio del Santo Oficio.

Aguinis relata con sobriedad el interrogatorio aplicado a Maldonado da Silva y aporta muchas luces acerca de los principios religiosos judíos a través de la docta defensa del condenado ante los jueces de la Inquisición. No debemos olvidar que Marcos de Aguinis es un prominente hombre de la cultura argentina (fue Secretario de Cultura durante la presidencia de Raúl Alfonsín) y destacado personaje de la comunidad hebrea de su país, por lo tanto conoce perfectamente los entretelones de la persecución religiosa judía en América. Por otra parte, es distinguible en la obra de Aguinis el profundo sesgo profesional del autor: siendo psicoanalista de profesión, los rasgos del personaje (rechazado por una sociedad intolerante, obligado a ejercer su identidad en una total clandestinidad, y presionado a aceptar valores que no son los suyos) tienen mucho que ver con nuestro propio desarraigo y falta de referentes.

No quiero hablar aquí del manido y desgastado tema de la identidad. Todos estamos de acuerdo con la descripción de Arguedas del Perú como el país de todas las sangres; sin embargo, somos conscientes de que el nuestro no es el país de todas las memorias. Tenemos una memoria selectiva y complaciente, criolla y costeña. Y así como los españoles que nos conquistaron eran en realidad el producto de muchos años de mezcla cultural árabe, judía y visigótica, nuestra cultura es a su vez muestra de muchas corrientes: la española —con su carga de olvido y desarraigo—, la andina cuando nos conviene, y hemos olvidado la herencia africana y sobre todo la judía.

Esperemos que el presente artículo cause alguna polémica; sólo nos mueve la intención de comprender mejor a nuestras raíces y a nuestros vecinos y co-pasajeros del planeta y de la historia. Como el mismo Aguinis refiere en una entrevista al diario La Nación de Buenos Aires:

“Yo nací en la Argentina y desde mi mocedad estoy imbuido en la pugna por el pluralismo. Mis padres vinieron a la Argentina de Europa trayendo con ellos treinticinco siglos de memoria judía que ellos unieron a los cuatro siglos de historia argentina”

Para poder entendernos mejor, es necesario que todos estemos conscientes de nuestras herencias múltiples, sin ambages ni disimulos. Es el único pasaporte de curso legal para poder transcurrir en la historia.

Arequipa, julio 1997

REFERENCIAS

Aguinis, Marcos. La Gesta del Marrano. RBA ediciones, Madrid 1993.

Boulenger, A. Historia de la Iglesia. Editorial litúrgica española. Barcelona. 1952

Fierro Bardají, Alfredo. El Hecho Religioso. Salvat, Barcelona. 1985

Hampe Martínez, Teodoro. Inquisición y Sociedad en el Perú Colonial 1570 - 1820, una lectura crítica a la bibliografía reciente. En: Histórica, Vol. XIX, Nro1. Julio 1995. PUCP, Lima. 1995

Iwasaki Cauti, Fernando. Inquisiciones peruanas, donde se trata en forma breve y compendiosa de los negocios, embustes, artes y donosuras con que el demonio inficiona a las mientes de incautos y mamacallos. Peisa, Lima. 1966

Lewin, Boleslao. El Santo Oficio en América y el más grande proceso inquisitorial en el Perú. Sociedad Hebraica Argentina, Santiago de Chile. 1956

Loyo Gómez, Gerardo. El tribunal del Santo Oficio de la Inquisición. Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina. UNAM. México 1996.

Manrique, Nelson. Vinieron los Sarracenos... El Universo Mental de la Conquista. DESCO, Lima. 1993

Medina, José Toribio. Historia del Tribunal del Santo Oficio en la Inquisición de Lima. Tomos I - II. S/e. Santiago de Chile. 1956

Menéndez y Pelayo, Manuel. Historia de los Heterodoxos Españoles. S/e, Madrid. 1956.

Palma, Ricardo. Tradiciones Peruanas. Tomo IV, Editorial CODEX, Buenos Aires. 1960

Taibo I, Paco Ignacio. Sobre Malos Divorcios. En: Esquina Baja, Nro. 1, Buenos Aires 1997.

Triveños Zela, Hipólito. Historia de la inquisición. El Santo Oficio para acatólicos en el Perú. S/e. Arequipa. 1986.

Investigación:  Ricardo José Maldonado     |     Diseño: Daniel Maldonado     |     Servicios web: pixelnauta.com.ar